Odiosos, sí. Salvajes, no.

Ya les he contando que antes de llegar a nuestro nuevo hogar, viví en una casa las afueras de la ciudad donde podía salir caminar. Correteaba pájaros y ratones por las calles arenosas, pero también tenía que correr para salvarme de los perros de la cuadra. Era adrenalina pura. Aún río de las aventuras, aunque …

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