Primeros días en nuestra nueva casa

Gatos en su cama

La primera mirada que tuve con mi nuevo papá gatuno, no era lo que esperaba. Bueno, no es que yo quisiera que me adoptaran, sino que hablo de la expectativa que mi papá tenía sobre el momento.

Sé que no fui lo más amigable aunque me mantuve tranquila para no causar molestas. También, fue la primera vez que escuché a mi hermana de adopción. No la veía porque me llevaban en unas cajas separadas. No sabía su nombre.

Recuerdo que viajamos por un largo tiempo hasta cuando arribamos al que sería nuestro nuevo hogar. Todo para mí era estresante porque los gatos no somos de adaptación inmediata, sino que necesitamos un tiempo para asimilar cambios. En especial, si se trata de nuestro hogar. Somos mascotas territoriales que establecemos lugares estratégicos y seguros para cada actividad. Siempre tendremos un único lugar como el que consideramos más seguro de todos. Otro, como nuestra zona para alimentarnos y otra para nuestro baño con arena siempre limpia. Cada una de ellas debe darnos la mayor garantía y si de comer se trata, debe ser el lugar más cómodo porque de lo contrario, nos dará miedo comer.

Mi papá gatuno nos dejó en cuartos separados los dos primeros días. De ahí en adelante, aunque estaba sorprendida desde la llegada, me causó curiosidad de cada detalle preparado por papá para hacernos sentir tranquilas. Era evidente que conocía sobre gatos y tiempo después nos contó que cuando decidió adoptar gatos, comenzó a investigar sobre nuestro comportamiento. Así, entendí por que nos dejó separadas y en cuartos a puerta cerrada. Porque esperaba que poco a poco nos fuéramos sintiendo seguras. Sabía que ante un cambio de casa, lo mejor es dejarnos en espacios pequeños y gradualmente, en la medida que vamos ganado confianza, dejarnos la puerta abierta para ir descubriendo nuevos espacios. Eso sí, ante cualquier alerta, regresaremos de inmediato es lugar seguro.

Yo tardé tres días para comenzar a escudriñar el cuarto donde estaba. Al menos los dos primeros días estuve subida en la biblioteca. Claro, cuando mi papá no me veía, yo baja muy sigilosa y tomaba agua y comía. Él siempre estuvo convencido de que no me bajaba del mueble. Al tercer día conocía a Chavela. Pobre, estaba tan temerosa que no me aguanté las ganas de ir a molestarla ja ja ja ja. Bueno, pero esa parte será una nueva historia.

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